
Fue fundada por el conquistador Francisco Pizarro el 8 de enero de 1535 a orillas del Río Rímac, cuando era habitada por una veintena de pueblos indígenas que habían sido sometidos por los Incas. Las ruinas o huacas de estas culturas aún se pueden apreciar (el más célebre es el de Pachacamac, al sur de la ciudad y los de la cultura Chancay). En 1542 fue designada capital del Virreynato español de América el Sur; en 1551 se fundó la Universidad de San Marcos, la primera del continente, y en 1584, los jesuítas instalaron la primera imprenta de Sudamérica. En los siglos XVII y XVIII fue embellecida con palacios, casonas e iglesias y al ser el centro del dominio español en esta parte del mundo llegó a ser una metrópoli de gran prestancia y poder. Son célebres las "tapadas" limeñas, vestuario muy particular de las damas de la sociedad colonial. La calma de la gran ciudad virreynal era sólo turbada por los terremotos, los piratas y corsarios. En 1821 fue declarada capital del nuevo Perú independiente. En la Guerra del Pacífico (1879-1883), sufrió graves daños y saqueos. A fines del siglo pasado, con la desaparición de las grandes murallas que la cercaban, inició su vertiginosa expansión. Las lejanas villas acomodadas de Miraflores, Chorrillos, Barranco, Magdalena e incluso el vecino puerto de El Callao pronto fueron absorbidos por la metrópoli. A mediados de este siglo, un arrollador ciclo industrial y modernizador la hizo crecer en todas las direcciones, lo que coincidió con la explosión demográfica y un extraordinario movimiento migratorio del campo. Peruanos de todas las regiones, especialmente andinos, entraron en la ciudad y acomodaron su cultura al lado de la criolla tradicional. Sin embargo también colapsaron los servicios de la urbe. Actualmente se lleva a cabo un proceso de renovación urbana y recuperación del centro histórico, renaciendo las esperanza de solución a sus viejos problemas. La historia de Lima es sin igual...